El tiempo,

Abstracción en Blanco y Azul, Georgia O'Keefe, 1958.

externalizar la verdad de la vida finita, mirar las cosas desde afuera, decir mañana y el sueño, cuando en realidad debería decirse: este instante. Ese es el crimen de la civilización, nos roba el ahora, y nos ocupamos (me ocupo, me hago dueña) de lo que lo que puede suceder esta tarde, este domingo, en cinco años.

Lecturas sobre el diálogo: antes de las guerras, durante ellas, y después de lo que se llevó el río. Sin nacionalismos, sucede que es una realidad universal que ‘un pueblo ignorante es instrumento ciego de su propia destrucción’. La inercia de los días, el estupefaciente de la tele y las redes sociales. Mientras tanto ellos, a puertas cerradas, en islas privadas. Enfermos. ¿Nada que yo pueda hacer, salvo escribir, sembrar, regodearme en el canto de pájaros y poetas?

Para escribir poesía que no sea política

debo escuchar a los pájaros

pero para escuchar a los pájaros

hace falta que cese el bombardeo. [1]

La perra con su lomo plácido, el día de verano que habla y canta después de la lluvia: todo está henchido y preñado, tan lleno de posibilidades que hasta mis pobres huesos humanos bailan por dentro frente al día. Sí, es criminal que nos roben las mañanas lentas, del día abierto de par en par. El ruido horrible de los hombres con las arterias hinchadas y los cuellos enrojecidos durante sus discursos políticos. Quiero ser más animal.

[1] Marwan Makhoul, poeta palestino.

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Luna Rosa